Añada

2017 – muy buena

El invierno en la Ribera del Duero no se salió de las pautas habituales para la zona, concentrándose principalmente las temperaturas más frías durante el mes de enero. Posteriormente, durante el final del invierno y buena parte de la primavera, las temperaturas fueron algo superiores a las habituales, lo que propició un leve adelanto de unos 5 días en la brotación de la viña, pese a las temperaturas del mes de abril, que fueron inferiores a lo normal. La característica que más ha marcado esta campaña fue una helada registrada en la noche del 27 al 28 de abril como consecuencia de la entrada de una masa de aire fría que significó más de siete horas por debajo de cero grados y picos negativos de hasta -6 ºC, y que ha afectado a la mayor parte del cultivo de la vid en la Denominación de Origen. Por todo ello, numerosas yemas afectadas debieron brotar nuevamente, no habiendo en todo caso una buena recuperación de estas yemas, pulgares y brazos afectados, lo que supuso, además de una importante merma productiva, cierta pérdida de ciclo vegetativo. Durante el mes de mayo se produjeron suficientes lluvias que consiguieron, pese a la sequía arrastrada durante el invierno, acelerar nuevamente el ciclo de la vid, aumentando este adelanto hasta situarse en la vendimia, en torno a los 10 días respecto de las fechas habituales. La otra característica climatológica que ha marcado la cosecha ha sido la sequía, ya que durante el ciclo han caído aproximadamente 250 mm de lluvia, cuando lo esperable son 450 mm. Se han registrado lluvias únicamente a un nivel normal en los meses de noviembre, febrero, mayo y julio, siendo principalmente destacable la sequía durante la mayor parte del otoño y el invierno. Si bien estas características no han hecho que, en general, las plantas evidenciaran síntomas visibles (principalmente senescencia precoz de hojas basales) como consecuencia de lluvias puntuales, sí es cierto que se ha ido acrecentando el estrés hídrico a lo largo del ciclo, hasta notarse una dificultad de evolución de la maduración en algunas parcelas al final del ciclo como consecuencia de la sequía. Esto ha motivado la consecución de bayas con menor tamaño y peso específico de los normales para la zona, en la variedad Tempranillo especialmente. La cosecha ha finalizado por estos condicionantes con una escasa producción, que se sitúa, en números redondos, en poco más de 55 millones de kilogramos de uva. En términos de producción por hectárea, esta campaña ha obtenido 2.450 kg/ha como promedio, lo que supone tan solo un 60% de la media productiva de la última década y un 41% si la comparamos con respecto a la cosecha pasada. La uva, con una sanidad inmaculada, principalmente como consecuencia de la ausencia de lluvias, ha tenido unas características técnicas que recuerdan en buena medida a la cosecha 2005, en especial como consecuencia del pequeño tamaño de las bayas.

Los vinos de la cosecha 2017

En las primeras elaboraciones de vinos se refleja el potencial de la uva y una preeminente presencia aromática de los ésteres frutales en nariz. Se trata de vinos de equilibrada acidez, con un tanino de alta calidad en el caso general y un buen equilibrio gustativo; vinos cuyo destino, si bien podría ser el de caldos jóvenes (en especial con algún paso por roble), se reservará mayormente para guarda.

Añada

2016 – muy buena

Denominación de Origen Ribera del Duero – MUY BUENA

Tras un invierno en el que la vid ha reposado en condiciones moderadas y con una pluviometría más baja de lo habitual, la primavera fue la encargada de demostrar las extremas condiciones que caracterizan a la Ribera del Duero. Y si bien las lluvias fueron abundantes en este periodo, las temperaturas bajas retrasaron el brote de la vid más de lo habitual. Así, el ciclo ya comenzó con cierto retraso desde el principio, que se fue regulando poco a poco a lo largo del final de primavera y principios del verano, para hacerse aún más acusado durante el momento de la maduración. El verano se caracterizó por las altas temperaturas registradas durante buena parte del mes de julio, así como durante todo el mes de agosto y buena parte de septiembre. Esto unido a la ausencia de lluvias, y en especial al final del verano, ha producido un cierto bloqueo en las plantas como consecuencia de la necesidad de estas de cerrar sus estomas para evitar una excesiva deshidratación que ha incidido en un acusado retraso en el momento de la maduración, en especial en las plantas más jóvenes y en aquellas situadas en terrenos más áridos.
El inicio de la maduración, en concreto para aquellos viñedos viejos con las raíces más profundas, se ha producido en fechas habituales, mientras que para otros viñedos ha sido necesario esperar más tiempo del habitual para su maduración, especialmente como consecuencia de lo generoso de la producción, mostrándose los racimos con un tamaño medio de baya, pero un mayor número de estas por cada racimo. No obstante, las inmejorables condiciones climáticas habidas en los meses de septiembre y octubre, junto con la impecable sanidad del cultivo registrada, han permitido a los viticultores esperar a la correcta maduración de las uvas para proceder a su recogida en el momento óptimo. Esto ha supuesto una vendimia muy estudiada para cada parcela, que se ha extendido más de lo habitual en el tiempo.
La Cosecha 2016 recuerda a las de los primeros 90, de las que resultaron vinos de guarda de probada longevidad, y vinos jóvenes frescos y frutales.

Añada

2015 – excelente

La añada 2015 viene marcada por un verano caluroso y seco con tendencia a una maduración rápida y de escasa producción respecto de la media de años anteriores.

El invierno transcurrió con unas reservas normales de agua en el subsuelo. La sequía fue intensa en primavera, haciéndose presentes abundantes lluvias durante el período de la floración (mitad de junio).

El verano ha sido normal, con algunas tormentas ocasionales y suaves.

El otoño ha sido muy seco. A mediados de septiembre, la ausencia de variación térmica entre el día y la noche, característica de la zona de Ribera del Duero, forzó a realizar un seguimiento exhaustivo de los parámetros de maduración para tomar las decisiones de vendimia.

Respecto a las temperaturas, los meses de mayo y de julio fueron especialmente cálidos, estando el resto de los meses dentro de la media. Estas temperaturas anormalmente altas provocaron un importante adelanto en el ciclo de la cepa y en algunas zonas causó paros vegetativos.

La vendimia se desarrolló con normalidad, sin paradas y de forma anticipada respecto a la media habitual. El ambiente seco facilitó una buena sanidad de la uva. A pesar de las diferencias habituales de maduración que tuvieron lugar al inicio del mes de septiembre debido a la localización de cada viñedo, las buenas condiciones climáticas permitieron recoger la cosecha en el estado óptimo de maduración.

Los vinos de esta añada poseen una impresionante intensidad colorante, gracias a las excepcionales condiciones lumínicas de la maduración, con matices muy violáceos y ribete estrecho.

En fase olfativa presentan importantes tonos frutales, especialmente en la gama de los frutos negros, así como algunos tonos minerales y especiados.
Por su parte, en la fase gustativa, los vinos se definen por un muy buen equilibrio y un potencial tánico alto, caracterizado por taninos dulces que denotan la buena maduración fenólica de las bayas.

Se trata de una añada que recuerda mucho a la cosecha de 2005, con los toques de equilibrio y fruta propios de la vendimia 2011. Estas características permiten que en la actualidad ya se puedan disfrutar unos intensos y expresivos vinos jóvenes y rosados, pero hace presagiar que habrá multitud de vinos que tras su paso por barrica expresarán la más alta calidad de la Ribera, obteniendo grandísimos vinos que se podrán disfrutar durante décadas (Fuente Consejo Regulador DOC Ribera del Duero).

Añada

2014 – muy buena

El 2014 ha sido un año cálido y con precipitaciones normales a lo largo de todo el territorio español, bajo un otoño húmedo y muy cálido, y con el mes de octubre con las temperaturas más altas desde 1961.

En la Ribera del Duero, el año ha sido ligeramente cálido con precipitaciones normales. Ha estado marcado por un verano con temperaturas mínimas continuadamente bajas, con rocío matinal durante los meses de julio y agosto. En dicho periodo, habitualmente seco y caluroso, las viñas han funcionado a pleno rendimiento; como contrapartida, la presencia del oídio ha sido muy alta.
La primavera ha resultado relativamente cálida y algo seca, aunque se partía de unas buenas reservas de agua gracias a las lluvias invernales. El verano ha sido bastante fresco y muy seco, seguido de un otoño cálido y relativamente húmedo, con dos frentes de lluvia de 26 litros de precipitaciones en el periodo comprendido entre el 21 y el 23 de septiembre (3 días) y de unos 55 litros en el periodo comprendido entre el 8 al 15 de octubre (durante 8 días ininterrumpidos de lluvia) respectivamente.

Climatología 2014

La vendimia comenzó tras secarse el agua de las primeras lluvias, en la última semana de septiembre. El grueso de la vendimia se llevó a cabo en la primera semana de octubre antes de las segundas lluvias. A partir del 12 de octubre se vendimiaron el resto de las parcelas, empezando a hacerse patente la presión de la botrytis en las cepas menos aireadas y con mayor rendimiento.
En términos generales, 2014 ha sido un año en el que las viñas han trabajado sin apenas paradas vegetativas. Las cepas jóvenes han tenido un rendimiento elevado, aunque la fecha de maduración ha sido más tardía, coincidiendo frecuentemente con el segundo periodo de lluvias. Las cepas viejas y equilibradas han producido uvas de gran calidad, madurando durante la última semana de septiembre.